LA REDENCIÓN ALEGRE DEL KARMA DESTRUCTIVO

Llama Azul

AMADO EL MORYA:

El Puente, marzo 1958

El primer paso sobre el Sendero Espiritual de cada chela honesto, serio y sincero es aceptar que las causas y núcleos detrás de toda sus aflicciones fueron establecidas en algún momento por él mismo y que el efecto es un resultado de tales malas acciones en el pasado.

Muchos individuos rechazan aceptar la responsabilidad de haber sido la causa de sus limitaciones actuales y ellos, de seguro, no están listos para el proceso de la redención alegre del karma destructivo.

En vez de, ellos prefieren rumiar sobre las injusticias aparentes infligidas sobre ellos y, con esta gente, no podemos hacer nada sino esperar con paciencia hasta que ellos puedan y acepten la reponsabilidad completa por su propio estado infeliz; luego que pidan Nuestra ayuda para salirse de las limitaciones que les plagan.

Existen casos raros, sin embargo, donde chelas muy fuertes aceptan voluntariamente el karma destructivo de otros y se ofrecen (en los Niveles Internos) para redimirlo.

¡Los Señores del Karma permiten a tales individuos asumir esta tarea únicamente cuando Ellos ven que el chela tiene la fuerza, tenacidad de espíritu e ímpetu de poder redentor requerido para esta tarea casi sobre-humana!

El Amado Jesús fue uno de tales Chelas y, en la época actual, aquellos chelas que han estado familiarizados con el uso de la Llama Violeta de Misericordia y Compasión están también, en un grado menor, ayudando en la redención del karma destructivo de la masa de la Raza.

El sentimiento importante requerido por cada chela que sirve en esta redención de karma destructivo es la alegría por la oportunidad de liberar la vida.

Cuando el resentimiento, rebelión, auto-desprecio y condenación entran en los mundo de sentimientos de tales chelas que están soportando más de su cuota de los “cuidados de este mundo” los Señores del Karma, con misericordia, alivian a tales chelas de esta tarea y buscan a otros dispuestos a aceptar y realizar este servicio.

El Morya

La Palabra, noviembre 1995

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